Estrategias del escudero

Cerca del principio
Palpita el espejo al desarmar la sombra
Inventando la libertad
Como un carrusel
Un rompecabezas
Triturando el código de barras
Las manos descompuestas que señalan
Alarman
Se precipitan al tacto del viento
Esta madrugada sedienta
Recuerdos de otro tiempo
vistos a contraluz
Bajo la daga
Frío desprecio
Nacimiento del hielo
Cerca del principio
El hechizo del presiento
Y un claro de luna al final

Salpicado de infierno
Disfrazado de colilla
Recuerdo la orilla de la última noche
Náufragos de vino
Han traído hasta aquí el esqueleto

La servidumbre del mal
Puesta en la arruga de la historia
Heridos de olvido
Pedimos al viento
Reuna las huellas en las cenizas

Padecemos el eucalipto
Nos crece de costado
Agoniza en el corral
Sediento de hilos
Y vástagos de miradas

Conozco la piel y el hechizo
El color de las hormigas al despuntar el alba
Los pies de los marinos al divisar la ira
El pincel puesto de espaldas al lienzo
Y la mitad del recinto
Donde duerme el cadáver
Solitario y herido
De adioses y encuentros

He detallado los arcoíris con angustia
Buscando su inicio y su final

Nací… miento


No bailamos ahora bajo la lluvia
Escampó y cerramos los ojos
Para no ver caer el sol así,
a pedazos
Sin una sombra que nos rescatara
De los peces muertos y las tempestades

Ahora vienen y se van
Cruzan por este espacio
Haciéndose más tenues que la memoria

Se hace tarde a cada paso
Pesan las ampollas en los dedos
Y la piel se quema con el hielo
Los labios se hieren con las palabras
Y se aíslan del verso trepidante
Hasta caer absortos
Sobre el camino

El espejo mide la mitad de un suspiro
Clavado sobre un ahora gastado que murmura

Pendenciero retorno
no más que un hechizo
Del ojo equilibrado en la cuerda

Gastado arlequín de otros parpadeos
Más sonoros y precisos
Que hacen odiar el aire


la piel en tu asfalto

(desnuda posesión)

y otra noche

Mas cumplido que un Inglés


Buenas noches señor Rugarte… hace tantos años que no nos vemos que podría afirmar que sigue siendo el mismo que dejé esperando en la esquina de la 13 aquella noche de jueves. Si mal no recuerdo fue usted mismo el que me llamó esa mañana a invitarme gustoso. No lo pude llamar. Nunca pude hacerlo participe de mis inconvenientes. No voy a negar que se tratara de una cita importante, era necesario que nos viéramos esa noche para conocer los últimos detalles del plan. Es usted un hombre con suerte, salió en los noticieros toda esa semana, su nombre se escuchó hasta en Pekín, en todos los cafés de la ciudad se decían cosas suyas y de su bigote. Fue una época tenebrosa, se hablaba de verano pero llovía en todas las esquinas y no encontraba forma de responder a mi incumplimiento. Como ves, yo no busqué darme fama como lo hizo usted, mi intención no era firmar autógrafos ni salir medio desnudo en las revistas. Claro está mi agrado por conocerle. Le he venido a traer hoy todas sus cosas, para que no piense que uno es uno de esos amigos aprovechados. Aquí tienes las llaves de su auto y las de su casa, el sombrero que trajo de España, un trofeo de su campeonato de ajedrez, las escrituras de su empresa, sus tarjetas de crédito y por supuesto, unas bragas de su esposa, con ese olor tan particular que suele agradarle amigo mío. Como puede ver tengo una gran deuda con usted, por eso quise llegar de sorpresa… vamos a suponer que hoy es el gran día, o mejor la gran noche, la cita es a las ocho, pesan los mismos números sobre el calendario y sobre este reloj que a propósito es suyo y se lo devolveré. Habíamos quedado en no claudicar, llegar hasta las últimas consecuencias… pero me entristece tener que decirle que ya no hay plan, ya lo hice todo, soy el mejor amigo que ha tenido y por eso le invitaré a unas copas. Mañana entrarán a este mismo recinto cargando a su mujer en los brazos, llegarán por la puerta grande. Ustedes ganaron, ustedes siempre ganan, y a mi ya me duelen las manos, los labios y los pies por esta niebla que me moja hasta la sombra. Mejor tomémonos algo mi amigo, a la salud de todos los santos, no diga más que soy un incumplido, cada vez que vea estos claveles sobre su pecho acuérdese de mí. Por ahora amanezcamos esta noche. Ya se fue todo mundo y quedamos los dos solos cuidando a los borrachos que duermen en esta taberna.