Mas cumplido que un Inglés


Buenas noches señor Rugarte… hace tantos años que no nos vemos que podría afirmar que sigue siendo el mismo que dejé esperando en la esquina de la 13 aquella noche de jueves. Si mal no recuerdo fue usted mismo el que me llamó esa mañana a invitarme gustoso. No lo pude llamar. Nunca pude hacerlo participe de mis inconvenientes. No voy a negar que se tratara de una cita importante, era necesario que nos viéramos esa noche para conocer los últimos detalles del plan. Es usted un hombre con suerte, salió en los noticieros toda esa semana, su nombre se escuchó hasta en Pekín, en todos los cafés de la ciudad se decían cosas suyas y de su bigote. Fue una época tenebrosa, se hablaba de verano pero llovía en todas las esquinas y no encontraba forma de responder a mi incumplimiento. Como ves, yo no busqué darme fama como lo hizo usted, mi intención no era firmar autógrafos ni salir medio desnudo en las revistas. Claro está mi agrado por conocerle. Le he venido a traer hoy todas sus cosas, para que no piense que uno es uno de esos amigos aprovechados. Aquí tienes las llaves de su auto y las de su casa, el sombrero que trajo de España, un trofeo de su campeonato de ajedrez, las escrituras de su empresa, sus tarjetas de crédito y por supuesto, unas bragas de su esposa, con ese olor tan particular que suele agradarle amigo mío. Como puede ver tengo una gran deuda con usted, por eso quise llegar de sorpresa… vamos a suponer que hoy es el gran día, o mejor la gran noche, la cita es a las ocho, pesan los mismos números sobre el calendario y sobre este reloj que a propósito es suyo y se lo devolveré. Habíamos quedado en no claudicar, llegar hasta las últimas consecuencias… pero me entristece tener que decirle que ya no hay plan, ya lo hice todo, soy el mejor amigo que ha tenido y por eso le invitaré a unas copas. Mañana entrarán a este mismo recinto cargando a su mujer en los brazos, llegarán por la puerta grande. Ustedes ganaron, ustedes siempre ganan, y a mi ya me duelen las manos, los labios y los pies por esta niebla que me moja hasta la sombra. Mejor tomémonos algo mi amigo, a la salud de todos los santos, no diga más que soy un incumplido, cada vez que vea estos claveles sobre su pecho acuérdese de mí. Por ahora amanezcamos esta noche. Ya se fue todo mundo y quedamos los dos solos cuidando a los borrachos que duermen en esta taberna.

2 comentarios:

  1. "Di muerte sin decir muerte y tendrás un acertijo, una historia que contar"

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